Conjuros
y otros Hechizos
En el
método de brujería conocido como el hueso asesino, mediante
el cual apunta con un hueso al enemigo, no hay contacto con la víctima,
pero se dice que el destino de esta suele quedar sellado con tanta fuerza
como si la atravesaran el corazón con una lanza verdadera. Este
tipo de brujería fue estudiada por el doctor Herbert Basedow en
Australia en 1925, y fue consignada en su libro The Australian Aboriginal.
Desde
que el mundo es mundo se ha creído que cuando algunas personas en
apariencia saludables enferman de manera repentina y mueren, se debe a
que alguien las lanzo un conjuro fatal. Las formas de lanzar un conjuro
son tan numerosas como peculiares. Por ejemplo, se puede hacer un muñeco
que representa a la víctima y clavarle alfileres, quemarlo o manipularlo
para que el afectado experimente lo mismo que se le hace a la figura. Los
muñecos se confeccionan con cera, madera, arcilla, tela o paja,
y con pelo o uñas de la futura víctima, y se le confieren
poderes mágicos, o bien, se utilizan polvos o hierbas, con el mismo
tipo de poderes. Para terminar con la vida de una persona, los brujos se
valen también de objetos personales del destinatario del hechizo
o de artefactos hechos con huesos y cabellos humanos a los que se les infunde
energía psíquica para convertirlos en un arma de ejecución
ritual.
Contra
lo que pudiera pensarse, estas creencias no son privativas de personas
ignorantes o de sociedades atrasadas. A mediados del siglo XX, en la zona
del pantano de Okefenokee, al sur de Georgia, E.U., una comadrona
local asistió a un parto triple y, sin razón aparente, maldijo
a las recién nacidas. Según la mujer, una moriría
antes de cumplir 16 años, otra antes de llegar a los 21, y la tercera
no viviría para ver su vigésimo tercer cumpleaños.
Las dos primeras predicciones fueron certeras. Una de las jóvenes
falleció a los 15 años en un accidente automovilístico,
y la otra fue alcanzada por una bala durante un tiroteo en un club nocturno
la víspera de su vigésimo primer cumpleaños. La ultima
perdió la vida dos años mas tarde en 1969.
Hacia
la misma época, pero en otro rincón del mundo, Lya Wulumu,
un joven aborigen australiano, enfermo y fue internado en un hospital.
Aunque lo intentaba no podía tragar ni probar alimento. Sin embargo
no había causa aparente para su malestar. Los estudios que se le
practicaron (rayos X, análisis de sangre y punciones lumbares) no
revelaron nada anormal. Su animo no ayudaba mucho. Incluso pidió
a un ministro metodista que rezara por él, por que según
él dijo “me han cantado y estoy acabado”. El canto al que se refería
es una forma de ejecución ritual común en su pueblo. En apariencia
se trataba de un castigo por haber roto algún tabú. Quienes
realizaron el embrujo robaron la lanza y el bumerang de Wulumu y los colgaron
en un poste ceremonial. Después entonaron las canciones que se cree
atraen la maldición mortal sobre el dueño de los objetos,
y colgaron su maza de la copa de un árbol para proclamar que la
maldición había sido ejecutada. Cuando Wulumu vio el arma,
supo lo que le esperaba y, al intentar tragar, se le forma un nudo en la
garganta.
Conjuros
y otros Hechizos (ciencia)
Los estudiosos
de la brujería afirman que esta actúa solo cuando se cree
profundamente en ella. El brujo debe tener una confianza absoluta en sus
poderes, su víctima debe creer que la magia es todopoderosa, y la
comunidad debe de alimentar con sus propias leyendas estas creencias.
Para comprender
mejor el poder de la brujería, se debe de imaginar el devastador
efecto psicológico que causa sobre un individuo el hecho de que
su comunidad lo trate como si estuviese muerto desde el momento mismo en
que alguien lanza un conjuro. En ocasiones, la víctima deja de comer
por que considera que como ya esta muerto no necesita los alimentos,
decisión que contribuye a que se cumpla su destino, con lo cual
se cierra un circulo mortal. para los escépticos, la muerte de las
dos primeras jóvenes de Georgia son meras coincidencias. Argumentan
que, por ejemplo, en accidentes automovilísticos han muerto mas
gente que los aéreos, es decir, es un riesgo que todo mundo corre.
Que la segunda joven haya encontrado la muerte en un bar, tampoco debe
tomarse como consecuencia de una maldición, debido a que estos lugares
pueden ser escenarios de luchas entre pandillas. El tercer caso confirma
las sospechas de los escépticos, debido a que la joven pidió
ingresar a un hospital en Baltimore. En pleno ataque de histeria gritaba
que estaba condenada a morir antes de cumplir 23 años, fecha que
distaban solo tres días.
Aunque
esta joven no parecía estar enferma, era claro que estaba bajo una
gran tensión emocional, y fue admitida en observación. A
la mañana siguiente, dos días antes de la fecha fatal, fue
encontrada muerta en su cama, víctima, sin duda alguna (según
los escépticos) de la autosugestión y de su profunda creencia
en la maldición de la comadrona.
Con respecto
al miedo de Lya Wulumu, este fue similar a los efectos de esa clase de
brujería, estudiada por el doctor Herbert Basedow, que escribió
“Es lastimoso el espectáculo de quien descubre que es apuntado con
el hueso por un enemigo. Se queda espantado, con los ojos clavados
en el arma traidora y las manos levantadas como para desviar el mortal
instrumento, que, imagina, entra a su cuerpo... palidece, se le ponen los
ojos vidriosos y la cara se le desfigura de manera espantosa. Intenta gritar,
pero la voz se le ahoga en la garganta y echa espuma por la boca. Retrocede
y cae al suelo, al parecer desmayado empieza a retorcerse como en una agonía
mortal...”.
Expresado
en términos médicos, el horror que producen estas experiencias
incrementa los niveles de adrenalina, glóbulos rojos y sangre que
circula por el cuerpo. Si no se recupera el balance en un corto periodo,
la persona esta en riesgo de morir. Esto hubiese sucedido con Wulumu si
no le hubieran auxiliado con el pulmón artificial que le ayudo a
respirar.
De esta
forma se convenció de que la magia de su tribu puede ser combatida
con la “magia” del hombre blanco.